
Un destino tranquilo donde cada rincón guarda el eco de siglos vividos.
Tirapu ofrece historia, arquitectura y tradición en un marco natural marcado por robledales, fuentes y senderos.
Tirapu ofrece un perfil sereno entre colinas y paisajes que han visto transcurrir siglos de historia navarra. El núcleo urbano se eleva sobre una colina, marcando la transición entre el terreno más abrupto con 695 metros de altitud y los cultivos de cereal y viñedo que han modelado su entorno.
La historia de Tirapu está documentada desde el año 1002 en la Karta de Mutiloa, en la que se menciona la venta de fincas por vecindad de “Triapu” al monasterio de Leyre. El topónimo aparece repetidamente en documentos de los siglos XII y XIII y está vinculado a órdenes como la de San Juan de Jerusalén y el monasterio de Irache.
Su iglesia parroquial se construyó entre 1591 y 1609 sobre una anterior románica, y guarda en su interior una imagen románica de la Virgen del Sagrario (siglo XIII) y una cruz procesional gótica (siglo XVI), ambas conservadas en el Museo Diocesano de Pamplona. El retablo mayor (1638) es obra de Pablo González y Juan de Bengoechea, discípulos de Juan de Anchieta.
La localidad conserva también antiguos elementos civiles como la casa consistorial —instalada en la antigua casa parroquial del siglo XVIII— y el frontón, construido en auzolan en 1983 y cubierto en 2006. Casas blasonadas, fuentes, caminos y antiguos escudos recuerdan un pasado vinculado a diferentes linajes como los Goñi.
Para quienes buscan descubrir la esencia de Navarra a través de su patrimonio rural, Tirapu ofrece historia, arquitectura y tradición en un marco natural marcado por robledales, fuentes y senderos. Un destino tranquilo donde cada rincón guarda el eco de siglos vividos.
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